El gol. Todos alguna vez en nuestra vida hemos cantado uno, o lo hemos metido... en una plaza, en el patio del colegio o en un campo de arena. Pero sólo unos poco afortunados han tenido la enorme suerte y el tremendo honor de haberlo anotado en partidos oficiales, en un europeo, en un mundial y hasta en una final. Meter un gol, dicho sea de paso, es una sensación preciosa, la explosión de un volcán que te nace dentro.
Pero el gol es como una moneda y tiene dos caras. Poco o nada se habla de la crudeza de encajarlo, el golpe psicológico que sufres, el que rompe ilusiones y hunde hasta al mejor de los equipos. Y es aquí donde nos detenemos.
En la última década el fútbol ha evolucionado brutalmente a nivel tecnológico con métodos de scouting de rivales, de recogida de datos (distancias recorridas, frecuencias cardíacas, esfuerzos según intensidades...)... que ahora se antojan esenciales, y no ya para tener ventaja sobre los demás, sino que para no tener desventaja a la hora de afrontar un partido. La preparación de los partidos está llegando a límites antes inimaginables. Los jugadores conocen a sus rivales a nivel físico, técnico, táctico y psicológico, pues toda información sobre los demás es vital porque el fútbol es bien sabido que es un juego de errores más que de aciertos, y por tanto se quiere "acertar cuando el otro falla".
Los partidos se desgranan y se detallan hasta la obsesión. Los entrenadores quieren tenerlo todo controlado y se les hace ver a los jugadores que si controlan todas las situaciones se va a ganar. Se debe saber atacar en diferentes momentos y en distintos lugares, "el partido pide vértigo unas veces y pausa en otras". Saber defender en función del propio equipo es básico para todos, así como controlar las transiciones. La obsesión de los entrenadores modernos es manejar y controlar los cuatro momentos del fútbol.
Desafortunadamente para los entrenadores hay algo que se escapa al control, algo que agita a jugadores y técnicos: el gol. El gol lo cambia todo. Si el fútbol es un estado de ánimo como lo definía Valdano, el gol es el termómetro. Unas veces es el afortunado y ansiado gol y otras veces se convierte en el desafortunado y maldito gol, siempre, claro, en función del color del prisma con el que se observe.
Vayamos a los últimos eventos más importantes, y veamos como un simple gol ha descompuesto a equipos que son de los mejores del mundo:
Mundial 2014: Brasil 1-7 Alemania
Champions League 2014: Bayern 0-4 Real Madrid
Champions League 2015: Bacelona 3-0 Bayern
Mundial Canadá: USA 5-2 Japón.
En todos los partidos se ha querido controlar en la preparación todo hasta el exceso. Tienen a los mejores jugadores del mundo y a los mejores entrenadores. Se plantean los partidos de la forma más lógica y coherente posible. Pero en todos ocurre lo mismo: todos los partidos se rompen con un gol. Los partidos explotan y ya no hay nadie que controle nada. El equipo que recibe el gol se hunde, se aplatana, recibe una herida tremendamente profunda, noqueado como un boxeador besando la lona, tan dolorido como perder un partido con un triple sobre la bocina. Pero lo peor no es eso, lo peor es que el balón sigue rodando una vez han pasado unos segundos y sólo queda seguir jugando. La desorientación se apodera del equipo, porque hay goles que duelen pero hay otros goles que te desangran.
Quizás, como en muchos ámbitos de la vida, se quiere controlar lo incontrolable. Preparar psicológicamente a los equipos para el gol debe convertirse en algo prioritario, entender la fuerza mental como una pieza más del engranaje del equipo.
"Tienes que tener espíritu de lucha. Tienes que forzar jugadas", Bobby Fischer, ajedrecista.
Idea y texto original de David Delgado @david87delgado en Twitter
miércoles, 8 de julio de 2015
EL GOL QUE TE DESANGRA
domingo, 31 de mayo de 2015
ATHLETIC, SEGI AURRERA
Rendidos a la evidencia acabamos la tercera final de copa que nos enfrentaba al Barcelona de Messi, y es que cuando el argentino "está" es imparable, ni defensas cerradas, ni presiones altas, ni ayudas y coberturas, ni marcajes individuales... Leo coge el balón y se va, se va solo o se va acompañado o se va asociándose.
Probar el marcaje individual era una solución difícil de entrenar porque en ningún lugar vas a poder enfrentarte entre semana a alguien como Messi. Sí había ayudas pero éstas generaban más desequilibrios a la espalda de Balenziaga que los propios desequilibrios de Leo. Nunca sabes cómo enfrentar de forma efectiva a un equipo que sabe sacar el balón desde atrás con un portero que te pone el balón en el pie del compañero que quiera y cuyo compañero es capaz de bajar el balón con cualquier superficie del cuerpo y en la dirección que sea necesaria.
No nos sirve ahora el consuelo de ser la mejor afición del mundo, ni el mérito de haber llegado a una final, ni de habernos enfrentado al mejor equipo del mundo, ni de tener una filosofía especial y única... No hay consuelo. Las generaciones de los 80, 90 y 2000 no sabemos qué es ganar con el Athletic, ganar títulos claro. Cada vez es y será más complicado. Anoche descubrimos que Williams es un león, de los válidos, de los que van a perdurar en el fútbol de alto nivel, pero con uno cada 5 años no hacemos nada. Tenemos que aunar esfuerzos, entender el fútbol desde una misma perspectiva y que ésta sea permanente y no esté sujeta a la persona encargada de coordinar o dirigir Lezama.
En algo sí ganamos, y lo hacemos todos los días. Lo demuestra Muniain en sus redes sociales y como no puedo expresarlo mejor que él me limito a transcribirlo:
"Vosotros sois nuestro mejor titulo, nuestra mejor copa, nuestro mayor triunfo...
Algún día conseguiremos hacer realidad vuestro sueño..nuestro sueño.
Orgulloso de formar parte de este gran equipo, de tener a la mejor afición y de compartir el mismo sentimiento con todos ellos.
Prefiero llorar contigo que celebrar con otros.
GRACIAS!
ATHLETIC BETI ZUREKIN"
Probar el marcaje individual era una solución difícil de entrenar porque en ningún lugar vas a poder enfrentarte entre semana a alguien como Messi. Sí había ayudas pero éstas generaban más desequilibrios a la espalda de Balenziaga que los propios desequilibrios de Leo. Nunca sabes cómo enfrentar de forma efectiva a un equipo que sabe sacar el balón desde atrás con un portero que te pone el balón en el pie del compañero que quiera y cuyo compañero es capaz de bajar el balón con cualquier superficie del cuerpo y en la dirección que sea necesaria.
No nos sirve ahora el consuelo de ser la mejor afición del mundo, ni el mérito de haber llegado a una final, ni de habernos enfrentado al mejor equipo del mundo, ni de tener una filosofía especial y única... No hay consuelo. Las generaciones de los 80, 90 y 2000 no sabemos qué es ganar con el Athletic, ganar títulos claro. Cada vez es y será más complicado. Anoche descubrimos que Williams es un león, de los válidos, de los que van a perdurar en el fútbol de alto nivel, pero con uno cada 5 años no hacemos nada. Tenemos que aunar esfuerzos, entender el fútbol desde una misma perspectiva y que ésta sea permanente y no esté sujeta a la persona encargada de coordinar o dirigir Lezama.
En algo sí ganamos, y lo hacemos todos los días. Lo demuestra Muniain en sus redes sociales y como no puedo expresarlo mejor que él me limito a transcribirlo:
"Vosotros sois nuestro mejor titulo, nuestra mejor copa, nuestro mayor triunfo...
Algún día conseguiremos hacer realidad vuestro sueño..nuestro sueño.
Orgulloso de formar parte de este gran equipo, de tener a la mejor afición y de compartir el mismo sentimiento con todos ellos.
Prefiero llorar contigo que celebrar con otros.
GRACIAS!
ATHLETIC BETI ZUREKIN"
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miércoles, 20 de mayo de 2015
CUANDO EL ÉXITO NO ES TOCAR EL CIELO
El éxito como objetivo, como esa meta que uno ve en un horizonte que cada paso que da éste se aleja más, y cuanto más rápido uno corre más rápido se va; te tropiezas, te caes, te paras, el horizonte se detiene, te levantas, emprendes la marcha más veloz y con más fuerza pero la meta hace lo mismo.
Este es el éxito que uno siempre cree buscar con ahínco, perseguir hasta la extenuación, prepararse para llegar a él,... Pero cuando uno se para a pensar y a reflexionar se da cuenta de que el éxito es mucho más que llegar alto, más que lograr ganar.
En ese concepto de éxito que creemos perseguir, lo tiene más el que logra mantener una familia gracias al esfuerzo de otros que el que lo logra a través de su esfuerzo; más éxito tiene el que con el mejor equipo del mundo con un presupuesto desorbitado logra ganar un título que el que logra mantener a un equipo modesto con un presupuesto más que limitado. No puedo estar más en desacuerdo con quien cree así.
El éxito en el que creo es un camino que uno transita con la intención de llegar a un sitio, es el aprendizaje a través de los impedimentos que uno encuentra, son los saltos que damos a los muros que pasamos, las patadas que damos a cada piedra que nos hace tropezar, son los compañeros que uno se cruza para compartir cierto segmento del trayecto, son los amigos que se te enseñan porque piensan distinto, son la gente que te apoya y que confía en ti.
Y lo expreso ahora (como ya hacía antes -¿Qué es el éxito?- sin haber logrado nada bueno o al menos nada del otro mundo), que entiendo que el éxito de un ascenso no está en el ascenso en sí ni en las numerosas victorias, sino en levantarse cuando te caes, en volver a tocar el cielo cuando tras tocarlo por primera vez has bajado al infierno, en ver crecer a los que tienes bajo tu responsabilidad, en creer que fuera posible cuando todo parecía perdido.
Este es el éxito que uno siempre cree buscar con ahínco, perseguir hasta la extenuación, prepararse para llegar a él,... Pero cuando uno se para a pensar y a reflexionar se da cuenta de que el éxito es mucho más que llegar alto, más que lograr ganar.
En ese concepto de éxito que creemos perseguir, lo tiene más el que logra mantener una familia gracias al esfuerzo de otros que el que lo logra a través de su esfuerzo; más éxito tiene el que con el mejor equipo del mundo con un presupuesto desorbitado logra ganar un título que el que logra mantener a un equipo modesto con un presupuesto más que limitado. No puedo estar más en desacuerdo con quien cree así.
El éxito en el que creo es un camino que uno transita con la intención de llegar a un sitio, es el aprendizaje a través de los impedimentos que uno encuentra, son los saltos que damos a los muros que pasamos, las patadas que damos a cada piedra que nos hace tropezar, son los compañeros que uno se cruza para compartir cierto segmento del trayecto, son los amigos que se te enseñan porque piensan distinto, son la gente que te apoya y que confía en ti.
Y lo expreso ahora (como ya hacía antes -¿Qué es el éxito?- sin haber logrado nada bueno o al menos nada del otro mundo), que entiendo que el éxito de un ascenso no está en el ascenso en sí ni en las numerosas victorias, sino en levantarse cuando te caes, en volver a tocar el cielo cuando tras tocarlo por primera vez has bajado al infierno, en ver crecer a los que tienes bajo tu responsabilidad, en creer que fuera posible cuando todo parecía perdido.
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